¿Artífice o mito?

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Hace ya algunos años, muchos compañeros de escuela y posteriormente de universidad ridiculizaban mi forma de ver el origen de la vida. Y es que, desde el siglo XVIII, no «está de moda» creer que un ser inteligente es el Artífice de la vida; la mayoría te hace sentir como «una cosa rara» porque Génesis, la Biblia y Dios han pasado a ser un mito para ellos.

El debate sobre el origen de la vida continúa sin ser resuelto; pues la ciencia, a través de la genética y la biología, la paleontología, la física y la astronomía, entre otras disciplinas; contradice la evolución. Así lo muestra Marco T. Terreros en un sencillo, pero extraordinario libro: La ciencia contradice la evolución.

En este pequeño libro encontrarás la respuesta a preguntas clave como: ¿Qué es la evolución? ¿Qué son las mutaciones? ¿Quién tenía razón, Lamarck o Mendel? ¿Y los fósiles? ¿Tiene algo que decir la Biblia acerca de todo esto? Y descubrirás que «la ciencia nos enseña y nos demuestra que solo la vida engendra vida; y que la vida engendrada es de la misma especie que la de los progenitores. En cambio, la evolución requiere que, en algún momento en el remoto pasado, la vida se engendrara a sí misma (autogénesis) y brotara de lo que no tenía vida (biogénesis), es decir, de la materia inerte, por generación espontánea».

Además, en La ciencia contradice la evolución se exponen interesantes razones científicas con las que refutar esta teoría, como el principio universal de la física (conocido como «la segunda ley de la termodinámica»), cuya acción y efectos son muy evidentes en nuestro mundo donde todo tiende al caos. Esta es una ley científica… luego, si esto es así, ¡la evolución no solo es improbable, sino que es imposible, porque va en contra de esta ley!

Marco T. Terreros nos invita a observar la belleza de la naturaleza y cualquier órgano del ser humano pues, sin lugar a dudas, no pueden ser el resultado del azar y la casualidad, ya que estos nunca pueden llegar a organizarse sino que tienden siempre al desorden. Por tanto, concluye, todo diseño presupone la existencia de un diseñador: un reloj, una calculadora, una computadora, un edificio, un vestido… Y a nadie le tratan de loco por pensar que alguien inteligente los ha diseñado, al contrario, si alguien afirma que se han hecho solos sí que puede indicar que esta persona ha perdido la razón.

Admito que aceptar a Dios como Creador requiere fe. Pero se requiere mucha «fe» para creer en la evolución, pues tampoco puede ser demostrada en un laboratorio. Por ello, te invito a leer este libro y a aceptar a Dios como Creador, Artífice de la vida y del universo, porque como señala La ciencia contradice la evolución: es la mejor y más razonable alternativa (Job 12: 7-10).­­

¿Cuál es tu respuesta ante un razonamiento evolucionista?

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